Hoy una pequeña entrada para algún futuro ahora lejano...
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¿Sabes? Extraño esos días que pasábamos acostados en el piso de nuestro pequeño departamento, sobre la madera deforme que teníamos por suelo, admirando las grietas en el techo como si fueran estrellas brillantes…yo con tu pecho por almohada y tu latir como himno de vida. No teníamos nada, sólo el uno al otro y eso era suficiente para vivir.
Hoy a penas y sobrevivimos teniéndolo todo. Me encuentro atada al asiento de este lujoso auto y veo llover por la ventanilla, una lluvia triste que me hace recordar las ya vividas juventudes que de aquí se ven tan lejanas y borrosas, pero cuyo sentimiento sigue intacto.
El piso deforme se volvió mármol y ya no hay grietas en el techo que observar. A penas tenemos tiempo de conversar aun pasando todo el tiempo juntos. Me hice cargo de tu vida, de tu éxito…sin saber que ahí tirados soñando en aquél pequeño lugar sin muebles, teníamos todo lo necesario para ser felices.
Te miro y me alegra saber que aún puedes traducir mi mirada en ideas…tomas mi mano y me sonríes para recordarme que un mejor cómplice de vida no pude haber encontrado en alguien más.
viernes, 19 de junio de 2009
martes, 16 de junio de 2009
Aún te extraño...
Hace 7 años perdí...perdimos a alguien especial en nuestras vidas. Escribo esto en su memoria, una carta sin destino.
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¿Qué certeza puede tener alguien de la muerte a la corta edad de 12 años? 12 años…cuando el mundo comienza a tener forma, sentido…pero también cuando nos damos cuenta de que todo lo que pareciera lógico en realidad no lo es.
A los 12 años no comprendí porqué tuve que dejar de hacer mi tarea para salir saltando mis agujetas por la calle y llegar hasta tu casa… nunca pasó por mi cabeza la idea lógica de lo que estaba sucediendo. No subí las escaleras y con total extrañeza y una buena dosis de cinismo le pregunté al extraño frente a mí…y, ¿ahora qué pasa? Nunca imaginé el aprieto en el que lo había metido. ¿Qué le dices a una niña extraña de 12 años al respecto?
Y hay cosas que no es necesario decir, se deducen, aun si tienes 12 años. Me enrosqué en el sillón dónde veías la televisión, me aseguré de no tocar el piso y pedirle a Dios que me ayudara a despertar y dejar la pesadilla atrás… obviamente no fue así.
El día fue largo, triste, inexplicable y sobre todo gris. Uno no puede alejarse de un lugar tan lúgubre pensando en que una persona con tanta luz como tú se quedará ahí, entre pasto seco y flores muertas dejadas tiempo atrás en memoria de completos extraños. Y el cielo lloraba conmigo por tu forzada huída.
Y después llegar a casa con un triste vacío en el interior…una calma impredecible y las ganas de hacer nada y esperar nada…luego la absurda rutina.
No sé si sigas al pendiente de nosotros, es reconfortante imaginar que sí.
Hace unos días estábamos en la iglesia pensando en ti. Sabes que no somos tan religiosos como te hubiera gustado, pero al menos creo que somos sinceros y eso es lo importante. Seguimos sentándonos en el lado izquierdo de la iglesia, el padre es otro, pero el lugar tiene ese recuerdo de ti volando en su esencia.
Hoy no hago tarea de español, estoy en la universidad y tengo 19 años y te juro que me duele en lo más profundo de mi alma la certeza de que no volverás.
¿Qué si nos haces falta? ¡Dios! No sabes cuánta. No sé si esto sería diferente teniéndote aquí. No sé si marcaría alguna diferencia escuchar tu voz en el teléfono algunas veces por semana…no lo sé pero tengo la certeza de que así sería.
Como lo dije antes…no soy religiosa, no sé rezar, pero si se trata de decir algo sincero que brote del corazón, entonces esta es mi forma de rezar.
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¿Qué certeza puede tener alguien de la muerte a la corta edad de 12 años? 12 años…cuando el mundo comienza a tener forma, sentido…pero también cuando nos damos cuenta de que todo lo que pareciera lógico en realidad no lo es.
A los 12 años no comprendí porqué tuve que dejar de hacer mi tarea para salir saltando mis agujetas por la calle y llegar hasta tu casa… nunca pasó por mi cabeza la idea lógica de lo que estaba sucediendo. No subí las escaleras y con total extrañeza y una buena dosis de cinismo le pregunté al extraño frente a mí…y, ¿ahora qué pasa? Nunca imaginé el aprieto en el que lo había metido. ¿Qué le dices a una niña extraña de 12 años al respecto?
Y hay cosas que no es necesario decir, se deducen, aun si tienes 12 años. Me enrosqué en el sillón dónde veías la televisión, me aseguré de no tocar el piso y pedirle a Dios que me ayudara a despertar y dejar la pesadilla atrás… obviamente no fue así.
El día fue largo, triste, inexplicable y sobre todo gris. Uno no puede alejarse de un lugar tan lúgubre pensando en que una persona con tanta luz como tú se quedará ahí, entre pasto seco y flores muertas dejadas tiempo atrás en memoria de completos extraños. Y el cielo lloraba conmigo por tu forzada huída.
Y después llegar a casa con un triste vacío en el interior…una calma impredecible y las ganas de hacer nada y esperar nada…luego la absurda rutina.
No sé si sigas al pendiente de nosotros, es reconfortante imaginar que sí.
Hace unos días estábamos en la iglesia pensando en ti. Sabes que no somos tan religiosos como te hubiera gustado, pero al menos creo que somos sinceros y eso es lo importante. Seguimos sentándonos en el lado izquierdo de la iglesia, el padre es otro, pero el lugar tiene ese recuerdo de ti volando en su esencia.
Hoy no hago tarea de español, estoy en la universidad y tengo 19 años y te juro que me duele en lo más profundo de mi alma la certeza de que no volverás.
¿Qué si nos haces falta? ¡Dios! No sabes cuánta. No sé si esto sería diferente teniéndote aquí. No sé si marcaría alguna diferencia escuchar tu voz en el teléfono algunas veces por semana…no lo sé pero tengo la certeza de que así sería.
Como lo dije antes…no soy religiosa, no sé rezar, pero si se trata de decir algo sincero que brote del corazón, entonces esta es mi forma de rezar.
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